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Sunday, November 2, 2008

Marx defiende a Marx



El arzobispo de Munich, cardenal Reinhard Marx, publica "El capital, una defensa del hombre" donde afirma que Carlos Marx tenía razón
Publicado en "REBELION", enviado por Roberto Pania

El Marx de la Iglesia es secretario de la Conferencia Episcopal alemana y un teólogo muy respetado por el Papa Benedicto XVI. El mundo está sacudido por una crisis económico-financiera que dará vida a otra época y a un nuevo capitalismo refundado en el mundo. Según el arzobispo de Munich "es una crítica al capitalismo, porque un capitalismo sin un cuadro ético es enemigo del género humano".

Parece increíble, pero los tiempos siguen cambiando rápidamente. El arzobispo de Munich, cardenal Reinhard Marx, 55 años, sostiene en una entrevista al más importante semanario alemán, "Der Spiegel" (El Espejo), que en su análisis del capitalismo su homónimo Carlos Marx tenía razón. El mundo está sacudido por una crisis económico-financiera que dará vida a otra época y a un nuevo capitalismo refundado en el mundo y la Iglesia enfrenta lo que viene con su Doctrina Social, que según el arzobispo de Munich "es una crítica al capitalismo, porque un capitalismo sin un cuadro ético es enemigo del género humano".

El Marx de la Iglesia es secretario de la Conferencia Episcopal alemana y un teólogo muy respetado por el Papa Benedicto XVI. En "Der Spiegel", cuenta que en pocos días las librerías pondrán en venta su libro "El capital, una defensa del hombre", que contiene al comienzo una carta suya dirigida al fundador del comunismo, Karl Marx, quien "no está muerto y al que hay que tomar en serio". A juicio del arzobispo de Munich "el capitalismo deshumanizado, insolidario e injusto no conoce moral ni tiene futuro", por lo que hay que acudir de nuevo a la obra de Karl Marx, "que nos ayuda a entender las teorías de la acumulación capitalista y el mercantilismo".

Pero Reinhard Marx es consciente de que son muchos los ciudadanos que se muestran críticos con el pensamiento marxista debido a la aplicación que se ha dado a las ideas de El Capital primigéneo en algunas partes del mundo a lo largo de la historia. Por ello el nuevo Marx sostiene que no hay que dejarse "arrastrar a las insensateces y atrocidades cometidas en su nombre en el siglo XX", sino que nuestro deber es interpretar de forma conveniente las ideas marxistas.

Según el arzobispo los principios que defiende en su libro, al que define como "concienzudamente trabajado", tienen un carácter social-ético, ya que Reinhard Marx considera que el catolicismo debe aportar una visión "ética y social" para una reforma "sensata" de los sistemas financieros. Por último Marx quiso recordar que "la especulación salvaje es pecado", y sostuvo que denunciar el capitalismo no significa dejar libre de culpa al populismo de izquierdas.

Thursday, October 23, 2008

Karl Marx vuelve a la carga


Por estos días El Moro, como solían llamarle en casa, debe acariciarse las barbas con satisfacción.

No es para menos. Desde hace un tiempo, y esencialmente con la debacle financiera que recorre el mundo capitalista, Carlos Marx ha devenido en el autor más vendido y leído en Alemania.
Un artículo del sitio digital británico guardian.co.uk, reproducido por Rebelión, establece que los jóvenes estudiosos, y aun figuras del mundo económico nacional, se han convertido en consumidores del otrora peligroso enemigo, y buscan con premura sus teorías y estudios en los anaqueles de cuanta librería aparece en su camino.
Según la fuente, el volumen de más demanda es el primer tomo de la monumental obra El Capital, donde Marx desentraña al detalle los mecanismos económicos que rigen la sociedad capitalista, pone al descubierto sus trapisondas de acumulación y concentración de riquezas, y desmenuza sus enormes debilidades y contradicciones, capaces de hacerlo estallar desde adentro.
La citada página web británica recuerda textualmente que “cuando Oskar Lafontaine, una de las cabezas visibles del emergente partido de izquierda alemán Die Linke, dijo que incluiría la teoría marxista en El Manifiesto, siguiendo el esquema de sus planes de nacionalizar parcialmente los sectores financiero y energético del país, fue etiquetado por el tabloide Bild de izquierdista trasnochado y “extraviado”.
Pero incluso el ministro alemán de economía, Peer Steinbrück, quien ha debido de pasar algunas noches en vela estas últimas semanas, se declara seguidor de Marx.
“Uno tiene que admitir, en general, que ciertas partes de la teoría marxista no son realmente tan malas”, declaró cautelosamente al semanario Der Spiegel.
Lo cierto es que los libros con la rúbrica del “gran subversivo” del siglo XIX han elevado sus ventas en 300 por ciento, según casas editoras germanas, y la fiebre de lecturas marxistas no parece contenerse, mucho menos cuando la realidad pone de manifiesto que, ciertamente, el capitalismo, con su negativo derroche de explotación, codicia y discriminación, cava poco a poco su propia sepultura.
Como dijo un viejo luchador obrero que leyó el artículo en cuestión: “Me alegra haber vivido hasta hoy solo para ver a Marx reírse a carcajadas de todos sus detractores”.
Néstor Núñez (AIN, especial para ARGENPRESS.info)

Friday, March 14, 2008

RECORDANDO A CARLOS MARX


Discurso de Engels ante la tumba de Marx:

El 14 de marzo de 1883, a las tres menos cuarto de la tarde, dejó de pensar el más grande pensador de nuestros días. Apenas le dejamos dos minutos solo, y cuando volvimos, le encontramos dormido suavemente en su sillón, pero para siempre.

Así como Darwin descubrió la ley del desarrollo de la naturaleza orgánica, Marx descubrió la ley del desarrollo de la historia humana: el hecho, tan sencillo, pero oculto bajo la maleza ideológica, de que el hombre necesita, en primer lugar, comer, beber, tener un techo y vestirse antes de poder hacer política, ciencia, arte, religión, etc.; que, por tanto, la producción de los medios de vida inmediatos, materiales, y por consiguiente, la correspondiente fase económica de desarrollo de un pueblo o de una época es la base a partir de la cual se han desarrollado las instituciones políticas, las concepciones jurídicas, las ideas artísticas o incluso las ideas religiosas de los hombres y con arreglo a la cual deben, por tanto, explicarse; y no al revés, como hasta entonces se había venido haciendo.

Pero no es esto sólo. Marx descubrió también la ley específica que mueve el actual modo de producción capitalista y la sociedad burguesa creada por él.

El descubrimiento de la plusvalía iluminó de pronto estos problemas, mientras que todas las investigaciones anteriores, tanto las de los economistas burgueses como las de los críticos socialistas, habían vagado en las tinieblas.

Dos descubrimientos como éstos debían bastar para una vida. Quien tenga la suerte de hacer tan sólo un descubrimiento así, ya puede considerarse feliz. Pero no hubo un solo campo que Marx no sometiese a investigación -y estos campos fueron muchos, y no se limitó a tocar de pasada ni uno solo-, incluyendo las matemáticas, en que no hiciese descubrimientos originales.

Tal era el hombre de ciencia. Pero esto no era, ni con mucho, la mitad del hombre. Para Marx, la ciencia era una fuerza histórica motriz, una fuerza revolucionaria. Por puro que fuese el goce que pudiera depararle un nuevo descubrimiento hecho en cualquier ciencia teórica y cuya aplicación práctica tal vez no podía preverse aún en modo alguno, era muy otro el goce que experimentaba cuando se trataba de un descubrimiento que ejercía inmediatamente una influencia revolucionaria en la industria y en el desarrollo histórico en general. Por eso seguía al detalle la marcha de los descubrimientos realizados en el campo de la electricidad, hasta los de Marcel Deprez en los últimos tiempos.

Pues Marx era, ante todo, un revolucionario. Cooperar, de éste o del otro modo, al derrocamiento de la sociedad capitalista y de las instituciones políticas creadas por ella, contribuir a la emancipación del proletariado moderno, a quien él había infundido por primera vez la conciencia de su propia situación y de sus necesidades, la conciencia de las condiciones de su emancipación: tal era la verdadera misión de su vida. La lucha era su elemento. Y luchó con una pasión, una tenacidad y un éxito como pocos. Primera “Gaceta del Rin”, 1842; “Vorwarts” de París, 1844; “Gaceta Alemana de Bruselas”, 1847; “Nueva Gaceta del Rin”, 1848-1849; “New York Tribune”, 1852 a 1861, a todo lo cual hay que añadir un montón de folletos de lucha, y el trabajo en las organizaciones de París, Bruselas y Londres, hasta que, por último, nació, como remate de todo, la gran Asociación Internacional de los Trabajadores, que era, en verdad, una obra de la que su autor podía estar orgulloso, aunque no hubiera creado ninguna otra cosa.

Por eso, Marx era el hombre más odiado y más calumniado de su tiempo. Los gobiernos, lo mismo los absolutistas que los republicanos, le expulsaban. Los burgueses, lo mismo los conservadores que los ultra-demócratas, competían a lanzar difamaciones contra él. Marx apartaba todo esto a un lado como si fueran telas de araña, no hacía caso de ello; sólo contestaba cuando la necesidad imperiosa lo exigía. Y ha muerto venerado, querido, llorado por millones de obreros de la causa revolucionaria, como él, diseminados por toda Europa y América, desde las minas de Siberia hasta California. Y puedo atreverme a decir que si pudo tener muchos adversarios, apenas tuvo un solo enemigo personal.

Su nombre vivirá a través de los siglos, y con él su obra