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Monday, December 22, 2008

ALTO AL BLOQUEO CONTRA CUBA


Cuba Estados Unidos: Por dónde comenzar (II)
Excepto las Cruzadas, no se recuerda un estado de beligerancia tan dilatado como el mantenido por Estados Unidos contra la Revolución Cubana. Ni siquiera la Guerra Fría duró tanto.
El tramo del diferendo cubano-norteamericano iniciado en 1959, constituye una situación sin precedentes. Nunca antes una gran potencia, se comprometió de modo tan profundo, multilateral y prolongado contra un pequeño Estado independiente como lo ha hecho Estados Unidos contra Cuba. Tampoco se conocía de esfuerzo tan infructuoso.
La determinación norteamericana por derrocar el gobierno de Fidel Castro, probada con la invasión de bahía de Cochinos, el apoyo a la contrarrevolución interna, el bloqueo con sus connotaciones extraterritoriales derivadas de la ley Helms-Burton, la vigencia del Plan Bush, la existencia de una Comisión para apoyar la llamada transición de Cuba presidida sucesivamente por Colin Powell y Condoleezza Rice, son evidencias de esa voluntad.
De tanta fijación, el tema de Cuba dejó de ser un asunto internacional para convertirse en un elemento de política doméstica. A lo largo de cincuenta años, los candidatos presidenciales de ambos partidos, han inscripto en sus respetivas plataformas el endurecimiento de la política contra Cuba y una vez electos, de una u otra manera se han esforzado por cumplir sus promesas.
Durante el viraje de la política norteamericana hacía la extrema derecha experimentada con Reagan, el Programa de Santa Fe, al inscribir la realización de emisiones radiales contra Cuba no dejó lugar a dudas: “Si la propaganda falla, la opción es la invasión.” En 1985 salió al aire la llamada Radio Martí a la que en 1990 se sumó una televisora con el mismo nombre. Ambas se mantienen en el aire, han ampliado sus servicios, horarios y frecuencias llegando incluso a utilizar un avión de designación militar para trasmitir desde el espacio aéreo internacional.
A lo largo de medio siglo, Estados Unidos ha hecho caso omiso a los gestos y las propuestas de Cuba, ha ignorado las apelaciones de la opinión pública internacional, las resoluciones de la Asamblea General de la ONU, las exhortaciones de reputados literatos, artistas, personalidades sociales, lideres políticos, diplomáticos, periodistas, dignatarios religiosos, entre ellos el Papa, que consistentemente abogan por el levantamiento del bloqueo a Cuba y el cese de las agresiones. Ninguno ha tenido éxito.
A las acciones anticubanas realizadas directamente por la Administración, el Congreso y el sistema judicial norteamericano, se suman el apoyo a toda acción, privada u oficial contra ese país. En tal empeño Estados Unidos ha pasado los límites al proteger a terroristas y conceder asilo a personas que llegan a su territorio en embarcaciones y aviones secuestrados después de haber puesto en peligro la vida de pasajeros y dotaciones, incluso de haber asesinado a tripulantes o custodios.
La trama de leyes, actos ejecutivos, decisiones políticas y medidas circunstanciales, dan lugar a un clima de intensa hostilidad por parte de Estados Unidos, que configura un virtual estado de guerra donde únicamente faltan las bombas que, por cierto, no han estado del todo ausentes.
El aflojamiento de las tensiones entre Cuba y los Estados Unidos, pasa por un comienzo, una serie de pasos iniciales encaminados a fomentar un clima que haga posible la avenencia, el encuentro y el diálogo. Se trata de una especie de tregua, un movimiento adelante, una expresión de buena voluntad que encajaría en el perfil de cambio prometido por el presidente electo a quien corresponde plantear la apertura.
Nadie debe pensar que de existir esa voluntad se anunciara con un toque de trompetas al estilo de Jericó, ni como resultado de presiones, negociaciones o acuerdos. Si algo vendría muy bien en este caso es discreción, mínimos de formalismos y sobre todo nada de retórica.
Barack Obama, es el primer presidente norteamericano que no fue a Miami a suplicar por el voto, no hizo del anticastrismo un elemento de su campaña, no lanzó bravuconadas contra la Revolución, no utilizó frases ofensivas contra los líderes cubanos, ni denostó del sistema político establecido en la Isla. Esa actitud lo habilita para avanzar en la dirección correcta.
En honor la verdad, el presidente electo no ha comenzado mal: señaló disposición a dialogar con autoridades isleñas y expresó voluntad para poner fin a las inhumanas y absurdas medidas dictadas por Bush contra las familias cubanas y los cubanos residentes en Norteamérica.
Sólo falta transformar las palabras en hechos y avanzar hasta llegar a la zona de intereses comunes donde hay una mesa, asientos para todos y una agenda mutuamente positiva para los pueblos de Cuba y los Estados Unidos. Dar un chance a la concordia y a la paz siempre.

Wednesday, December 10, 2008

Empresas de EU exigen levantar el embargo a Cuba


Pesos pesados de la política exterior estadunidense apoyan al presidente electo de Estados Unidos en su plan para flexibilizar el embargo en Cuba, en incluso darle fin, con el objetivo de crear un clima de buena voluntad en América y en otras regiones de todo el mundo.

Washington. Todo indica que el presidente electo de Estados Unidos, Barack Obama, contará con un amplio apoyo para comenzar el desmantelamiento del embargo de medio siglo contra Cuba, si desea seguir ese camino.

Algunos pesos pesados de la política exterior estadunidense exigieron el fin del embargo, con el objetivo de crear un clima de buena voluntad en América y en otras regiones de todo el mundo.

Las principales organizaciones empresariales de Estados Unidos presionan con entusiasmo al gobierno entrante y al Congreso legislativo, el de mayoría más abultada para el Partido Demócrata en los últimos 20 años, con el objetivo de que sigan esa dirección.

De todos modos, admiten que el proceso puede ser más gradual de lo que les gustaría.

Apoyamos la completa eliminación de todas las restricciones al comercio y a los viajes que pesan sobre Cuba", escribieron, entre otros grupos, Business Roundtable, American Farm Bureau Federation, National Retail Federation, y la Cámara de Comercio de Estados Unidos, en una carta dirigida a Obama.

"Reconocemos que ese cambio puede no producirse de modo inmediato, pero debe comenzar en alguna parte, y pronto", agregaron.

El embargo de Washington y sus históricos esfuerzos por aislar a La Habana han "sobrevivido por lejos al propósito original" de defender la seguridad nacional en tiempos de la Guerra Fría, según el texto redactado por Jake Colvin, vicepresidente del Consejo Nacional de Comercio Exterior. Esta carta es la última de una serie de declaraciones formuladas por prominentes figuras e instituciones de la política exterior a favor de aliviar, si no abandonar, los esfuerzos de Washington por aislar a La Habana.

Una red de organizaciones académicas, empresariales, humanitarias y de derechos civiles también envió esta semana una carta a Obama para urgirlo a revertir la política estadounidense hacia Cuba.

La Asociación de Educadores Internacionales, la Asociación de Universidades Públicas de Estados Unidos, el Servicio Eclesiástico Mundial, la Asociación de Estudios Latinoamericanos y la Oficina en Washington para América Latina, entre otras instituciones, pidieron a Obama acciones que envíen "una clara señal de que cambiará acciones que han sido contraproducentes hacia nuestra meta compartida de ayudar al pueblo cubano"

En mayo, un comité integrado por expertos estadounidenses y latinoamericanos, creado por el Consejo sobre Relaciones Exteriores, sostuvo en un informe de 76 páginas que el próximo gobierno de Estados Unidos debía revocar las sanciones económicas y a los viajes que Washington impuso a Cuba en los últimos 15 años.

Además, el grupo recomendó medidas para comprometer a La Habana en cuestiones de interés recíproco con la mira puesta en finalizar el embargo y normalizar las relaciones diplomáticas.

Hace apenas dos semanas, una comisión interamericana patrocinada por la Institución Brookings fue aun más lejos. Este grupo es copresidido por el ex presidente mexicano Ernesto Zedillo (1994-2000) y el ex embajador de Estados Unidos en la ONU, Thomas Pickering.

La comisión exhortó a aliviar el embargo y a comprometer directamente al gobierno del presidente Raúl Castro, pero también urgió a borrar a Cuba de la lista de estados patrocinantes del terrorismo elaborada por el Departamento de Estado (cancillería), poner fin a las restricciones a la asistencia humanitaria a la isla, reintegrar a Cuba a las organizaciones económicas regionales y mundiales y levantar todas las restricciones de viajes.

El informe destaca que las hostilidades de Washington hacia La Habana habían "dominado desproporcionadamente la política de Estados Unidos hacia América Latina y el Caribe durante años y dificultado la capacidad trabajar constructivamente con otros países".

En la campaña presidencial de este año, el propio Obama se comprometió a iniciar conversaciones con el gobierno cubano sin precondiciones y flexibilizar el embargo, revocando regulaciones promulgadas por el presidente George W. Bush.

Esas normas limitaron tanto los viajes de cubano-estadounidenses a su país de origen como su capacidad de enviar remesas a sus familias allí.

Ésas fueron las menos populares de una serie de medidas adoptadas por Bush desde 2003 para intensificar el embargo luego que el Congreso y el ex presidente Bill Clinton (1993-2001) lo hubieran flexibilizado a fines de los años 90, al punto de permitir las ventas de alimentos y medicinas a la isla.

Pero más allá de revocar las medidas, Obama dijo que mantendrá el embargo, que, según él, presiona al régimen de Castro para que adopte reformas políticas y comience "a normalizar las relaciones".

De todos modos, esa posición contrastó con la del candidato republicano John McCain y con la de su rival en la interna demócrata —y ahora secretaria de Estado designada— Hillary Clinton, que se mostraron ansiosos por cortejar a los miembros de línea dura de la comunidad de cubanos en el sudoriental Florida.

Obama ganó en Florida en las elecciones generales. Ese resultado sugiere que la influencia política de las intransigentes fuerzas anticastristas puede estar por fin decayendo. El presidente electo puede tener más espacio de maniobra de lo esperado.

"La demografía cambió" en Florida, observó Colvin, quien acaba de presentar un informe de 42 páginas, "The Case for a New Cuba Policy", en su calidad de miembro del New Ideas Fund.

"Ahora los republicanos son la minoría entre los hispanos de Florida, y los hispanos no cubanos no sienten lo mismo con respecto al embargo", añadió.

Colvin y otros expertos esperan que luego de la investidura, el 20 de enero, Obama cumpla sus compromisos de levantar las restricciones a los viajes y las remesas de los estadunidenses cubanos e iniciar conversaciones bilaterales sobre asuntos como las migraciones, el narcotráfico y el ambiente.

Pero él y los grupos empresariales esperan que vaya más lejos. "Estos son primeros pasos, pero le urgimos a comprometerse también con un análisis más exhaustivo de la política estadunidense", señaló la carta.

William LeoGrande, veterano especialista en asuntos cubanos y decano de la Escuela de Gobierno de la American University en Washington, cree que Obama podría, con poco costo político, revocar otras medidas adoptadas por Bush.

En particular, LeoGrande se refirió a las restricciones de viajes con un fin específico —en oposición al turismo, que está prohibido por ley y por lo tanto requiere otra que lo habilite— por parte de ciudadanos estadunidenses a Cuba.

Levantar las restricciones de Bush al comercio —específicamente, la que obliga a Cuba a pagar en efectivo por todas sus compras de alimentos y medicinas antes de que abandonen puertos estadunidenses— es algo que también podría hacerse sin un costo muy elevado.

En su carta, las asociaciones empresariales exigen a Obama "eliminar inmediatamente las restricciones a los viajes y permitir que los estadounidenses actúen como embajadores de la libertad y de los valores estadunidenses para Cuba", alivien requisitos crediticios al comercio de alimentos y medicinas y "exoneren del embargo a la maquinaria agrícola, equipamiento pesado y otras exportaciones que podrían proporcionar los bienes y la tecnología necesarios para reconstruir" lo que haga falta luego de las recientes tormentas que devastaron la isla.

En su nuevo informe, Colvin alega que Obama tiene bastante espacio para retirar elementos del embargo sólo emitiendo nuevas regulaciones o modificando algunas antiguas.

"La idea de que el Congreso ha limitado al presidente mediante leyes como la Helms-Burton (de 1996) es en buena medida un mito", según el estudio.

El informe de Colvin plantea iniciativas que Obama podría tomar por su cuenta, particularmente mediante la autoridad del Departamento del Tesoro, que determina buena parte de lo que las empresas y los individuos estadounidenses pueden y no pueden hacer con Cuba.

"Dadas todas las otras cosas que Obama tiene en su plato, probablemente no quiera librar una gran batalla política en el Congreso para poner fin al embargo. Será mucho más fácil desmantelar el embargo comercial poco a poco, pedazo a pedazo, en sectores que van más allá de alimentos y medicinas", dijo LeoGrande.

Observó que el propio Bush exoneró a teléfonos celulares y computadoras del embargo luego que Castro legalizó su posesión, a comienzos de este año.

Bush también concedió licencias a laboratorios estadunidenses para que importaran productos biomédicos a fin de probarlos. Obama puede usar todo esto como precedente.

Una acción más general, especialmente en el Congreso, depende de "la disposición de estas asociaciones empresariales" a presionar al Poder Legislativo y a la Casa Blanca, agregó, señalando que fueron reticentes a hacerlo hasta ahora, sabiendo que Bush se les opondría.

Pero Colvin, quien describió la carta como una advertencia para Obama y el Congreso, y dijo que las empresas son "más optimistas" en relación a las perspectivas de la partida de Bush.

Wednesday, June 18, 2008

NO AL CAPITALISMO ASESINO Y LADRON EN CUBA




miércoles, junio 18, 2008
La abolición del trabajo asalariado y el socialismo en Cuba
Pedro Campos Santos

Artículo del historiador Pedro Campos Santos que se introduce en el debate sobre el futuro político de Cuba. Mientras en Argentina, a través de la "prensa masiva", se presenta el proceso de cambios a través de las medidas sobre teléfonos celulares o por el caso Hilda Molina, este tipo de reflexiones permiten sopesar la verdadera densidad de las discusiones en juego. Pedro Campos repasa aquí algunos de los principales ejes de su propuesta, la Autogestión Socialista.


La Revolución se pierde o se gana, según sigamos la filosofía del viejo burocrático, estatismo-asalariado o avancemos a la introducción de la autogestión socialista con las nuevas relaciones de producción cooperativas, a fin de garantizar el triunfo del trabajo sobre el capital.
A 106 años del inicio de la seudo-república, a la cual no queremos volver.
Desde la discusión del discurso de Raúl del 26/7/07, tiene lugar una “apertura limitada” para dar paso a las opiniones y críticas de los de abajo, a lo interno de la Revolución, donde las posibilidades de intercambio horizontal entre militantes de base, políticos, académicos y profesionales, siguen constreñidas; los pequeños espacios controlados en la prensa se muestran insuficientes y en consecuencia el debate profundo se queda en estrechos marcos sin compartirse en el Partido, el gobierno y la sociedad.
Ante los llamados del Presidente a debatir abiertamente, pocos han sido los análisis amplios y profundos de todo lo ocurrido, publicados por académicos, profesionales y políticos estudiosos de las ciencias sociales marxistas y menos, los debates de fondo en la prensa oficial, que si bien se ha permitido algunos artículos críticos, en pocos casos llega a valorar las causas sistémicas que, en cambio, sí son tratados con todo descarne en la prensa digital de izquierda, donde la derecha entra sólo con comentarios, a veces agresivos, que nada significativo aportan, mostrando sólo su ansias revanchistas. Cada día son más los que, estimulados por el desastre real del socialismo pretendido, prefieren basar sus análisis en cualquier pensador de “moda ”, que no sea Carlos Marx.
Entre las posiciones que han recibido alguna difusión nacional, destacan las de quienes intentan encontrar soluciones “socialistas” en las esferas de la distribución, moviendo precios y salarios; en la circulación de la moneda y en la concientización política de las masas para que produzcan más, poniendo el énfasis en la disciplina, “aumentar la producción para poder aumentar los salarios”, distribuir “estatal y adecuadamente” lo que tenemos, estimular la producción agrícola a partir sólo de incentivos mercantiles, incitar el consumo de los “pudientes” para “equilibrar las finanzas”, fortalecer la “economía de servicios” (turismo, comercialización de fuerza de trabajo calificada y otros) para incrementar los ingresos estatales y ofertar más participación al capital extranjero en la explotación de nuestros recursos naturales, compartida con el estado. Los pocos que hablan del cooperativismo, sólo se refieren a las cooperativas en la agricultura, casi nadie habla de cambiar las relaciones de producción en la industria y los servicios.
Son las posiciones de los que, atados al tradicional discurso del viejo “socialismo de estado”, demostradamente inviable por su estatismo asalariado y sus esquemas burocráticos centralizados de acumulación, planificación y monopolio gubernamental del mercado interno, que reprodujeron el estado autoritario, no captan las señales de los nuevos tiempos, del “cambio de época” y siguen haciendo malabares con los viejos dogmas en la mano derecha, y el nuevo discurso de Raúl en la izquierda, que sí está claramente dirigido a promover mayor descentralización, participación democrática y control obrero. Algunos no saben o no entienden todavía el movimiento que sigue, acostumbrados al estilo de esperar la señal desde arriba; pero otros –a propio intento- dejan caer al piso lo que llevan en la izquierda y lanzan al aire lo que tienen en la derecha.
Ahora, ¿casualmente?, el Imperialismo agudiza su campaña intervencionista y redobla su ayuda a la contrarrevolución interna con la doble intención de capitalizar el descontento real existente en la población por la situación económica, cuya “luz no asoma todavía al final del túnel” y buscando fortalecer las posiciones más conservadoras y enemigas de los cambios necesarios en el seno del aparato estatal, a fin de frustrarlos y obstaculizar el diálogo complejo entablado entre los revolucionarios para buscar soluciones socialistas a nuestros problemas. Son ahora los imperialistas los empeñados en que les sigan “echando la culpa” porque aquí no podamos avanzar en la democracia socialista. Si necesario es desmotar la actividad enemiga, la forma de hacerlo puede servir a sus intereses provocativos. Veremos quiénes –dentro- le siguen la rima.
Dadas la confusión y la desesperanza que nos dejó el desastre del “socialismo real” se hace necesaria la mayor claridad posible en cuanto a los fines y medios del socialismo, por lo cual el debate no puede cesar y hay que seguir diciendo y escribiendo y tratando de presentar nuevos argumentos sobre la necesidad de la Autogestión Socialista como vía para impedir la reversión de la Revolución y garantizar el socialismo. Es la batalla ideológica a la que nos convoca el momento histórico.
Carlos Marx dedicó el Capítulo LI del III Tomo de su obra cumbre, El Capital, a establecer las diferencias y vínculos de dependencia entre las relaciones de distribución y las de producción (1). 150 años después muchos “socialistas” y “marxistas” siguen hablando del socialismo como un asunto relativo a la esfera de la distribución y no sustantivo al de las relaciones de producción.
Allí escribió el fundador de la teoría revolucionaria:
“…las relaciones de distribución son esencialmente idénticas a estas relaciones de producción, el reverso de ellas, pues ambas presentan el mismo carácter histórico transitorio…..Las llamadas relaciones de distribución responden, pues, a formas históricamente determinadas y específicamente sociales del proceso de producción, de las que brotan, y a las relaciones que los hombres contraen entre sí en el proceso de reproducción de su vida humana. El carácter histórico de estas relaciones de distribución, es el carácter histórico de las relaciones de producción, de las que aquellas solo expresan un aspecto.”
En su afamada y muy conocida, pero poco estudiada y menos interiorizada Crítica al Programa de Gotha (2), “ El Moro ” –así le decían sus amigos- señala:
“… es equivocado, en general , tomar como esencial la llamada distribución y hacer hincapié en ella, como si fuera lo más importante.
… La distribución de los medios de consumo es, en todo momento, un corolario de la distribución de las propias condiciones de producción. Y esta distribución es una característica del modo mismo de producción. Por ejemplo, el modo capitalista de producción descansa en el hecho de que las condiciones materiales de producción les son adjudicadas a los que no trabajan, bajo la forma de propiedad del capital y propiedad del suelo, mientras la masa sólo es propietaria de la condición personal de producción, la fuerza de trabajo. Distribuidos de este modo los elementos de producción, la actual distribución de los medios de consumo es una consecuencia natural. ...” y remata: “El socialismo vulgar (y por intermedio suyo una parte de la democracia) ha aprendido de los economistas burgueses a considerar y a tratar la distribución como algo independiente del modo de producción, y, por tanto, a exponer el socialismo como una doctrina que gira principalmente en torno a la distribución. Una vez que está dilucidada la verdadera relación de las cosas, ¿porqué volver marcha atrás?“
En el Manifiesto Comunista, Marx y Engels expusieron: “…la condición de la existencia del capital es el trabajo asalariado”, debido a que el trabajo asalariado es la forma de organizar la producción para extraer la plusvalía al trabajador, razón de ser del capitalismo. De manera que la superación del capitalismo pasa por la eliminación de la condición de su existencia. Socialista será, por tanto, el partido que inscriba en su bandera: “Abajo el trabajo asalariado”
Fue por ello que en su obra “Salario, precio y ganancia” (3) Marx escribió:
“Creo haber demostrado que las luchas de la clase obrera por el nivel de los salarios son episodios inseparables de todo el sistema de salarios, que en el 90 por 100 de los casos sus esfuerzos por elevar los salarios no son más que esfuerzos dirigidos a mantener en pié el valor dado del trabajo y que la necesidad de forcejear con el capitalista acerca de su precio va unida a la situación del obrero, que le obliga a venderse a sí mismo como una mercancía. Si en sus conflictos diarios con el capital los obreros cediesen cobardemente, se descalificarían sin duda para emprender movimientos de mayor envergadura.
Al mismo tiempo, y aun prescindiendo por completo del esclavizamiento general que entraña el sistema de trabajo asalariado, la clase obrera no debe exagerar ante sus propios ojos el resultado final de estas luchas diarias. No debe olvidar que lucha contra los efectos, pero no contra las causas de estos efectos, que lo que hace es contener el movimiento descendente, pero no cambiar su dirección; que aplica paliativos pero no cura la enfermedad. No debe, por tanto, entregarse por entero a esta inevitable guerra de guerrillas, continuamente provocada por los abusos incesantes del capital o por las fluctuaciones del mercado.
Debe comprender que el sistema actual, aun con todas las miserias que vuelca sobre ella, engendra simultáneamente las condiciones materiales y las formas sociales necesarias para la reconstrucción económica de la sociedad. En vez del lema conservador “Un salario justo por una jornada de trabajo justa”, deberá inscribir en su bandera esta consigna revolucionaria: “Abolición del sistema de trabajo asalariado”.
La socialdemocracia alemana después de Engels y particularmente Kautsky y luego Berstein, se olvidaron de la “abolición del trabajo asalariado” y aceptaron el punto de vista según el cual se considerada una política socialista, la distribución de la renta nacional de manera que, además de los salarios, ayudara a mejorar las condiciones de vida de los trabajadores y representara una más amplia distribución de la riqueza acumulada por la sociedad, sin tener que enfrentar un cambio en la propiedad sobre los medios de producción ni en la organización asalariada del trabajo. Nuevos “sabios” aparecen señalando que lo determinante del capitalismo no es la forma de la producción asalariada, sino su afán mercantil, como si este no hubiera existido desde la esclavitud.
La URSS y el “campo socialista” se quebraron precisamente por no avanzar más a las nuevas relaciones de producción socialistas, mantenerse atados al trabajo salariado –la ley de la sujeción, según el Profesor Radulfo Páez (4)- y dar la espalda al poder real de los trabajadores que se verifica en el control directo sobre sus condiciones de producción y existencia. Después ha habido quienes acusaron a los trabajadores de haber sido ellos lo que dieron la espalda al socialismo, ¿a cuál? Lenin trató infructuosamente de enmendar el camino con su última obra teórica, “Sobre la cooperativización” que sus seguidores sólo aplicaron forzosamente en la agricultura, en las tierras de los pequeños propietarios.Dicen que hoy la Rusia capitalista, no ha podido todavía desactivar aquel intento cooperativo en el campo.
Los que en Cuba promueven “soluciones” de tipo “desarrollistas-capitalistas”, en los marcos del actual “socialismo de estado”, también parecen haber olvidado, o quizás no leyeron nunca, estos pasajes de Marx y no tienen en cuenta que lo determinante en un régimen económico-social es la forma en que se organiza la producción, la manera en que se produce, cómo se explota la fuerza de trabajo, de lo cual depende todo lo demás, la distribución, el consumo, las finanzas, la circulación monetaria, la conciencia social, la superestructura y no al revés.
Si en 1865 Marx llamó “conservador” el lema “un salario justo para una jornada justa”, ¿cómo podríamos calificar hoy, 143 años después, tales ideas en una Revolución inmersa en la construcción del socialismo? Todos tenemos derecho a equivocarnos de buena fe. Esperamos que tales posiciones vayan siendo rectificadas, y que se impongan las relativas a “cambiar todo lo que deba ser cambiado” y a “cambiar los métodos y las estructuras”, como dijeron respectivamente Fidel y Raúl.
Algunos hablan de liberar las fuerzas productivas: SÍ, pero NO para desarrollar más capitalismo del que ya tenemos, con más mercantilismo, más consumismo, más desarrollismo, más destrucción de nuestro medio ambiente, ni seguir introduciendo inversiones extranjeras para explotar en forma capitalista a nuestros trabajadores y recursos naturales.
Liberar las fuerzas productivas hoy en Cuba sería –principalmente- quitar todas las amarras estatales al desarrollo cooperativo en el campo, eliminar todas las trabas burocráticas que le impusieron al Perfeccionamiento Empresarial que lo convirtieron de estimulante de la producción en su contrario y llevarlo cada vez más, en todo el sistema productivo y de servicios, a la participación de todos los trabajadores en las decisiones importantes que se toman en los centros de trabajo de cualquier tipo, desde la elección de los jefes y administradores, que deben ser rotativos, hasta la gestión y la repartición de un por ciento de la ganancia. Los trabajadores lo han venido haciendo a su manera. Eso será lo que hará que la gente se sienta dueña y disminuyan los desvíos y la corrupción.
Mientras no nos cuestionemos el sistema de trabajo asalariado, todo lo que se haga se quedará en los marcos de un neo-capitalismo estatal, pretendidamente socialista, que más tarde o más temprano facilitará la plena restauración capitalista y nos llevará directo al barranco del anexionismo cuando EE.UU. se decida a cambiar su política de agresión y bloqueo por la de acercamiento y penetración. Recordemos que sólo la compra de alimentos al enemigo histórico provocó una peligrosa dependencia alimentaría que condenó el campo cubano al abandono, de todo lo cual Raúl, con mucha razón, trata de salir casi desesperadamente. Con el sistema estatal actual ¿a dónde nos pueden llevar un millón de turistas usamericanos y 100 mil cubanos visitándonos –anualmente- vertiendo su consumismo y corruptelas en cada esquina y miles de empresarios gringos, correteando en sus cadillacs por toda Cuba, invirtiendo en petróleo, turismo y agro-industria, con los bancos norteños dando créditos para vender aquí toda su mercadería y oficinas consulares y comerciales yanquis por doquier? No. ¡Esa no va!
Si los yanquis lograron “tender sus puentes” hasta China, al otro lado del Pacífico, cuando les dieron la oportunidad y “han virado aquello al revés, con toda su diferente historia milenaria y sus mil tres cientos millones de habitantes”, qué no harán a escasas 90 millas , con una idiosincrasia parecida, sobre una pequeña población llena de necesidades y ansiosa de cambios: puentes llegarán y hasta túneles cavarán para el abordaje pirata con bandera bucanera que preparan. La invasión no va a ser con aviones, barcos ni tanques. Semejante acometida solo puede ser neutralizada por el pueblo y los trabajadores organizados económica, social y militarmente en un sistema integrado de autodefensa de los intereses compartidos, alcanzable por la conciencia de propietarios sobre los medios de producción, que hoy no existe porque “todo pertenece al estado”.
Esa “economía de servicios” que algunos nos están “pintando” para un “cercano vuelo nupcial” con el imperio, tiene una clara fetidez anexionista, por muy buenas “perspectivas económicas” que nos quieran “vender” para bien del “estado socialista”. Hay que aguzar el olfato, la visión, el tacto y todos los sentidos. Nuestros especialistas en “marketing” internacional dirigiendo la “economía del socialismo” pueden resultar muy peligrosos.
Pero además, como el suelo y el subsuelo patrios son de todos los cubanos, debería tenerse en cuenta la opinión del pueblo a la hora de hacer contratos con empresas extranjeras para explotar nuestros recursos naturales, sobre todo antes de contraer tales compromisos con vecino tan poderoso. El petróleo ha llevado a la mafia texano-californiana a tres guerras bien lejos de sus fronteras, en el Medio Oriente. Más nos valdría buscar en el ALBA y en cualquier otro lugar antes que en EE.UU., fuentes externas de financiamiento y continuar profundizando las ideas de la revolución energética que nos legó Fidel, investigando todo tipo de alternativas con el concurso de nuestros trabajadores y técnicos y nuevas posibilidades de ahorro en cada centro, en cada equipo, en cada puesto, pero eso demanda -¡claro!- que los trabajadores se sientan dueños, participen de la ganancia y cada uno sufra en sus ingresos las consecuencias de sus acciones de ahorro o despilfarro.
Por muchas razones no tenemos que seguir los senderos de China y Viet Nam que algunos compañeros proponen. Empezando porque estamos en Cuba, a un “brinquito” del imperialismo más fuerte de la historia, que lleva 200 años tratando de anexarse este país y está dispuesto a ensayar todos los medios incluido el cambio de política ya anunciado por Obama -zanahoria que no pocos admiran entusiasmados- y el que van a apoyar allá cientos de miles de cubanos, por razones diversas, pero entre ellos muchos dueños de capitales deseosos de lograr la completa restauración capitalista acá, para la cual cuentan ya con el apoyo explícito o tácito de no pocos dentro, colados en todas partes, que han perdido toda confianza en el socialismo.
Ya se ha visto en la práctica, el “socialismo de estado”, en verdad un capitalismo de estado –así lo llamó el propio Lenin aunque desagrade el uso del término-, es incapaz de pagar la fuerza de trabajo por la falta de correspondencia entre sus fines distributivos “socialistas” y su forma de producción asalariada, capitalista. Nuestra propia práctica con empresas extranjeras que pagan más salario por la izquierda, lo ha evidenciado. Romper el ciclo que conduce de nuevo al capitalismo, pasa por ser consecuentes con el ideario socialista marxista que preconizamos y avanzar hacia la abolición del trabajo asalariado.
Tienen razón quienes plantean que es demasiado grande nuestro aparato burocrático improductivo. No por gusto Raúl se propone disminuir los ministerios, compactar sus estructuras, llevarlos al mínimo y probablemente dejarlos sólo en funciones metodológicas, descentralizando la administración y municipalizando todas las decisiones posibles. Las ramas y aparatos no productivos que deberán funcionar de todas formas, tendrán que readecuarse a nuevos presupuestos, reajustar su personal, optimizar sus recursos y tendrán que agenciarse otras formas de financiamiento y mecanismos de recaudación. La municipalización de los presupuestos debe jugar un papel determinante en esto; así como la vinculación a importantes centros de producción y servicios de círculos Infantiles, escuelas específicas de enseñanza técnica, el médico de los trabajadores y otras prestaciones comunales, que los financien de forma autogestionaria. Estas experiencias se dieron en Cuba, pero el centralismo burocrático las desapareció en la medida en que el estado fue creando su poder “independiente”.
Igual, las Milicias obreras, campesinas y estudiantiles,podrían encargarse de la seguridad y defensa de los centros y áreas respectivas, si la gente tuviera sentido de pertenencia. Entonces nadie desviaría recursos y no harían falta caros y especializados cuerpos de vigilancia de los “bienes del estado”, que se contratan bajo la filosofía de protección a cambio de salario.
La Revolución se pierde o se gana, según sigamos la filosofía económica del viejo socialismo burocrático basado en la propiedad estatal, el trabajo asalariado y la centralización de la acumulación, el mercado y la planificación que lo lleva a hacer cualquier cambalache mercantil, obligado por sus contradicciones sistémicas, a fin de “tener más para controlar, hacer sus planes y repartir paternalmente”, vía por la cual “terminamos en brazos” de nuestro enemigo; o avancemos a las nuevas relaciones socialistas de producción cooperativas, hacia el triunfo del trabajo sobre el capital. Cuba, como ningún otro país del mundo, está en condiciones, para abrir el camino del nuevo socialismo a partir del abandono progresivo del trabajo asalariado y la introducción de la autogestión socialista (con sus formas de propiedad cooperativa, autogestionada y cogestionada entre el estado y los trabajadores), la descentralización de la actividad mercantil y la acumulación, y la planificación democrática, por el hecho de haber logrado nacionalizar la tierra (90 %) y todos los medios de producción fundamentales.
Algunos, con tal de obstaculizar el desarrollo de la Autogestión Socialista , la acusan diversionistamente de promover el capitalismo sin argumentación ni base alguna, haciendo creer que las “cooperativas son propiedad privada y compiten en un mercado capitalista”. Pero en las nuevas condiciones, ni una, ni la otra cosa según Marx: ya ha sido bien explicado en otros artículos y ensayos. Entiéndase que la gran mayoría de este pueblo no admite la explotación capitalista…ni en su disfraz estatal. La gente que no quiere trabajar lo dice claro: “no trabajo por un salario, menos si no resuelve mis problemas, quiero que me dejen trabajar para mí”. Una mala lectura de ese fraseo popular, en la que coinciden las extremas derecha e izquierda, es que la gente quiere capitalismo o son vagos. Una interpretación revolucionaria es que rechazan ser explotados y quieren autogestión. La parte corrupta de la clase burocrática que se ha ido conformando, hará todo lo posible por obstaculizar la Autogestión Socialista , al igual que el Imperialismo y la contrarrevolución quienes saben que allí, donde exista, sólo pueden entrar después de arrasar, si lo logran. Próximamente se publicará Socialismo y Mercado, para tratar de ayudar a esclarecer el inevitable y necesario papel transitorio del mercado en el socialismo.
La Autogestión Socialista , empresarial y social, que permitiría a los trabajadores sentirse verdaderos dueños de su destino, de sus fábricas, de sus centros de servicios, sería la garantía de la irreversibilidad de la Revolución y de la lucha de los trabajadores por su victoria ante cualquier intento, por cualquier vía, de apoderarse de nuestras tierras, de nuestros medios de producción, de nuestra patria y de restaurar el capitalismo anexionista. Pero eso, no lo lograrán ni por las malas, ni confundiendo.

Marx fue muy claro: ¡Abajo el trabajo asalariado!

Socialismo por la vida. perucho1949@yahoo.es
La Habana, 20 mayo de 2008.
1) C. Marx. El Capital. T-III. Capítulo LI. Relaciones de distribución y relaciones de producción. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana 1973.
2) C. Marx. Crítica al Programa de Gotha. O.E, en tres Tomos, T-III, Editorial Progreso, Moscú 1974,
3) C. Marx. Salario, Precio y Ganancia. O.E. en tres tomos. Tomo II. Editorial Progreso. Moscú 1973.
4) Radulfo Páez. Ley económica que lleva al hundimiento al “socialismo estatal”. Publicado en kaosenlared.net.

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